Declaracion de Fe
 
Y Conoceres la verdad y la verdad os hara Libres,    Juan  8:32
Como Iglesia Cristiana tenemos fundamentos basados en La Biblia como único mandamiento de Fe,
Nuestra fe
La Iglesia Monte Hermón tiene las Sagradas Escrituras como regla número uno, La Sagrada Escritura es la palabra de Dios en el lenguaje humano. Es el registro de la revelación que Dios hace de sí mismo a la humanidad. Siendo Dios su verdadero autor, fue escrita por personas inspiradas y dirigidas por el Espíritu Santo. Tiene por finalidad revelar los propósitos de Dios, conducir a los pecadores a la salvación edificar a los creyentes y promover la gloria de Dios. Su contenido es la verdad sin mezcla de error, y por eso es un perfecto tesoro instrucción divina. Revela el destino final del mundo y los criterios por los cuales Dios juzgara a toda persona. La Sagradas Escritura es la única autoridad en materia de fe: fiel patron por el cual en cuestiones de doctrinas de doctrina y seguirán fielmente sus enseñanzas. Ellas siempre serán interpretadas a la luz de la persona y de las enseñanzas de Jesucristo.
(Éxodo 24:4; 2 Samuel 23:2; 2 Crónicas 24:19; Salmos 19:7-9; 119:89, 105; Proverbios 30:5; Isaías 34:16; 40:8; Mateo 5:17; Juan 1:1; Romanos 1:16;

2 Timoteo 1:13; 3:15-17).
Nosotros somos una Iglesia en la cual cree en la Trinidad, creemos en el único Dios vivo y verdadero es espíritu personal eterno, infinito e inmutable; es omnipotente, omnipresente y omnisciente; es perfecto en santidad, justicia, verdad y amor. El es Creador, Sustentador, Juez y Señor de la historia y del universo.
(Génesis 1:1; Éxodo 3:14; Deuteronomio 6:4; Job 34:10; Isaías 6:2; Jeremías 10:1; 1 Timoteo 1:17;    1 Pedro 1:15-17; 1 Juan 5:7).

Dios el Padre
Dios, como Creador, manifiesta una disposición sustentadora para con toda la humanidad. En conformidad con sus propósitos eternos, Dios se rebeló como Padre al pueblo de Israel, a quien escogió soberanamente. El es el Padre de nuestro Señor Jesucristo a quien envió a este mundo para salvar a los pecadores y hacer de ellos hijos por adopción. Quienes han aceptado a Jesús como Salvador y Señor de su vida se constituyen en hijos de Dios. (Éxodo 4:22; Salmos 2:7; Isaías 1:2-3; Jeremías 31:9; Lucas 1:35; Juan 1:12; Hebreos 12:6-11).

Dios el Hijo
Jesucristo, uno en esencia con el padre, es el hijo eterno de Dios. En él, por él y para él fueron creadas todas las cosas. En la plenitud de los tiempos él se ha hecho carne en la persona real e histórica de Jesús, engendrado por el Espíritu Santo y nacido de una virgen María, siendo en su persona verdadero Dios y verdadero hombres, Jesús es la imagen expresada de Dios Padre, la revelación suprema de Dios a la humanidad. El honor y cumplió la ley divina, revelo y obedeció toda la voluntad de Dios. Para salvarnos del pecado murió en la cruz, fue sepultado al tercer día resucito de entre los muertos y, después de aparecerles muchas veces a sus discípulos, ascendió a los cielos donde, junto al padre, ejerce su eterno sumo sacerdocio. Jesucristo es el único mediador
entre Dios y los hombres. El es el único y suficiente Salvador y Señor. Por el espíritu, el está presente y habita en el corazón de cada creyente y en la iglesia. El volverá visiblemente a este mundo en gran poder y gloria para juzgar a la humanidad al consumar su obra eterna. (Salmos 2:7; 110:1; Isaías 7:14; 53; San Juan 1:1; 7:11; 15:26; 19; 30-35; Romanos 8:1-3; Filipenses 2:1-11; Tito 2:13; 1 Pedro 2:21-25).

Dios el Espíritu Santo
El Espíritu Santo, uno en esencia con el Padre y con el Hijo, es persona divina. Es el Espíritu de verdad. Actuó en la creación del mundo e inspiró a sus siervos y los capacito para escribir
las sagradas escrituras. El ilumino a las personas y las capacito para comprender la verdad divina. En el día del Pentecostés, en el cumplimiento final de las profecías y las promesas en cuanto su venida, el se manifestó de forma singular irrepetible cuando los primeros discípulos fueron bautizados en el Espíritu Santo, y pasaron a ser parte del cuerpo de Cristo que es la iglesia. El bautismo en el Espíritu Santo ocurre cuando los pecadores se convierten a Cristo Jesús, quien los integra regenerados a la iglesia. El Espíritu Santo da testimonio de Cristo y lo glorifica; convence al mundo de pecado de justicia y de juicio; sella al creyente para el día de la redención final; y distribuye dones a los hijos de Dios para la edificación del cuerpo de Cristo y para el ministerio de la iglesia en el mundo. (Génesis 1:2; Salmos 51:12; Isaías 61:1-3; Joel 2:28-32; Lucas 3:16; Romanos 8:9-11; Efesios 4:11; 1 Timoteo 3:16; 2 Pedro 2:21).


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